Autoayuda y Crecimiento Personal *

 

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domingo, diciembre 14, 2008

El miedo como mecanismo de defensa

El “miedo” es un sentimiento de los más incomprendidos, aun por especialistas de la salud mental. Los escritores de libros de autoayuda lo consideran un sentimiento propio de cobardes. Y estos gurúes de la autoayuda les prometen a sus lectores erradicarles el miedo por completo.

¡Enorme insensatez es no ubicar al miedo en su justa dimensión! El miedo es un sentimiento de angustia ante la proximidad de algún daño real o imaginario. Y si queremos comprender a cabalidad este sentimiento, tenemos necesariamente que entenderlo desde sus orígenes. Como sabemos, los actuales seres humanos somos sólo una especie de las miles de especies de monos y simios que han existido a través de la evolución, habiendo sobrevivido solamente ciento noventa y tres de estas especies. Los abuelos de estas miles de especies surgieron hace aproximadamente seis millones de años.

La actual especie humana es el resultado de una de las ramas de esa evolución primaria, con una antigüedad de seis millones de años. Como sentimiento, muy probablemente el primero que experimentaron nuestros ancestros, fue el del miedo. Esos ancestros vivían en los arboles, dada la peligrosidad de otros animales que vivían en la tierra. Tardaron varios millones de años para abandonar los árboles y vivir en la tierra y las montañas.

Si el miedo no hubiera sido el primer sentimiento de esas miles de especies de monos y simios, las ciento noventa y tres especies que actualmente viven (siendo el hombre una de ellas), no existiríamos. Como seres biológicos, el sentimiento que mayor utilidad le ha reportado al ser humano ha sido el del miedo. Muy probablemente, a los niños de unos cuantos meses, el sentimiento más intenso que padecen es el miedo a ser abandonados por sus padres. Y seguramente, el segundo sea el de caerse.

Nuestra biología, cuando siente algún malestar físico, dado que somos seres racionales, le avisa a nuestro cerebro, y éste empieza a producir inquietud, zozobra, ansiedad y, finalmente, miedo. Un fuerte dolor físico que percibamos como anormal nos atemoriza. Y cuando percibimos que nos encontramos en una situación de “riesgo”, ya sea ante una amenaza a nuestra integridad física o moral, un probable peligro para alguno de nuestros seres queridos, una amenaza a nuestra seguridad económica, etc., nuestras hormonas empiezan a generarnos miedo, en diversos grados, desde leve hasta muy intenso.

El origen de nuestro miedo por cualquier tipo de situación tiene una raíz esencialmente genética. Ese miedo de nuestros antepasados de hace millones de años se nos ha trasmitido a través de toda la evolución. En este sentido, la esencia del miedo no es la prueba de un sentimiento de cobardía, sino que se constituye en el aliado más fuerte de nosotros, un “mecanismo de defensa” que nos alerta de que algo mal nos está sucediendo o nos puede acontecer.

La ausencia de miedo no es un virtud, sino la prueba de una patología mental, o la prueba de un vicio moral, como cuando sucede en el caso de conductas nuestras “temerarias”. Somos a veces temerarios, no porque seamos valientes, sino por el hecho de que no sentimos miedo. Y quien ha perdido la capacidad para sentir miedo ha hecho a un lado a su más poderosos aliado: a su “mecanismo de defensa” que lo está previniendo de un inminente peligro de algún tipo.

Ahora bien: el miedo puede ser la consecuencia de un próximo peligro “real”, pero también pude ser el resultado de un peligro que sólo existe en la imaginación del que lo teme y sin ninguna base en la realidad. Si no obedecemos las señales de alarma de que algo anda mal en nuestro cuerpo, podemos poner en riesgo nuestra salud, y aun, nuestra propia vida.

Un genial médico inglés, Walther Cannon, fue el que acuñó la frase de “Lucha o huida”. Es decir, cuando nos enfrentamos a un problema real o imaginario, tenemos dos opciones, o bien, luchamos, o huimos. La huida es el resultado de un miedo que puede ser la mejor opción en algunas circunstancias.Critilo nos sugiere que si queremos ser más felices y exitosos en nuestra vida, lo primero que debemos hacer es comprender a cabalidad el sentimiento del miedo. Las dos próximas columnas serán una continuación.

http://www.elsiglodedurango.com.mx


 

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sábado, diciembre 13, 2008

Propuesta: Un mundo libre de quejas - WILL BOWEN

Te propongo un reto de 21 días.

Se trata de una propuesta que -de lograrlo -transformaria nuestra vida y le otorgaria mejor calidad.
Tendríamos mejor salud, menos enfermedades, mejor ánimo, menos dolores, más autoestima, relaciones más satisfactorias: seríamos personas más felices, serenas, autosatisechas.

No consiste en una dieta o dejar de fumar. Si alcanzamos el objetivo, nuestra vida cambiara.
Seis millones de personas en el mundo ya lo han logrado, aunque suene a frase 'infocomercial'.

Es un plan muy simple, creado por la organización 'A Complain Free World' (Un mundo libre de quejas), fundada por el pastor Will Bowen, quién en el sermón matutino de un domingo, invitó a su congregación a iniciar este reto de tres semanas.

Es muy simple: No quejarse, no criticar y no contar chismes.
¡¡¡¿¿Te imaginas??!!!

Para probar que su propuesta era seria, Bowen repartió a toda su congregación una pulsera morada para que -en el momento que se sorprendieran en la queja, en la crítica o en el chisme- se cambiaran la pulsera de muñeca -a fin de hacerlo conciente- e iniciaran otra vez el conteo.
Varias de las personas que participaban del reto -y que decían no quejarse demasiado -tomaron conciencia de que lo hacían un promedio de ¡20 veces al día! Contaminación auditiva pura.
Quejarnos se ha convertido en una epidemia. ¿Has notado cómo cuando nos quejamos del tema que sea, lo único que logramos es sentirnos peor? No sirve para solucionar nada...
Solo significa focalizar nuestra atención y energía en las cosas que NO queremos, y no en las que SÍ anhelamos.

¿Por qué 21 días? Porque así como un huevo de gallina tarda 21 días en madurar, también se requiere 21 dias para que el hombre forme una nueva conducta o un hábito.

Y si la crítica la pienso pero no la digo ¿cuenta? No. Sólo si la emitimos.
Quienes lo han logrado reconocen que no es fácil, sin embargo comentan que después de las tres semanas o el poco más que necesitaron, dejaron incluso de criticar con la mente...
La clave es no darse por vencidos.

Te invito a que empecemos a la brevedad, tu lo decides.
No necesitas una pulsera, cualquier objeto que elijas es bueno: puede ser tu reloj, ponerte una piedrita o una moneda en el bolsillo, lo que sea...
El objeto esta al servicio de darnos cuenta que nuestras actitudes y palabras sólo reflejan lo que pensamos.
Qué vida queremos es la pregunta que nos acompañara los 21 dias, recordando que el conteo recomienza cada vez que emitimos una queja, una critica, un chisme.
Los doctores estiman que dos terceras partes de las enfermedades se generan en la mente.
Esta propuesta es una invitacion al cambio en el pensar y en el que y el como nos comunicamos...
Dejar de quejarse, de criticar y de propagar chismes

Dicen que para lograr una meta, es importante hacer el compromiso con alguien, así que en el momento en que escribo esto comienza mi reto y me comprometo contigo, amigo cibernetico, a lograrlo.
Compromete con alguien, transmite esta propuesta, intentemos hacer de nosotros y de este mundo que habitamos, algo mejor.


Enviado por Graciela E. Prepelitchi


 

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