- Autoayuda y Crecimiento Personal

 

Volver al Indice

lunes, junio 22, 2009

Mente positiva en cuerpo sano

Por Luis Fernando Afanador*

AUTOAYUDA. Además de generar confianza, detrás de los libros de autoayuda hay una industria millonaria y un creciente nicho de lectores que los necesitan para creer y crecer como personas.

Domingo 21 Junio 2009

Los intelectuales los desprecian o los ignoran pero los libros de autoayuda cada vez son más leídos en Colombia y en el mundo. El secreto, de varios autores y el último best-seller de ese género en Colombia, ha vendido 120.000 ejemplares en un año, según Orlando Rodríguez, gerente general de ediciones Urano, una editorial española especializada en el tema. Y El secreto, a diferencia de ¿Quién se ha llevado mi queso

, otro reciente éxito de ventas (130.000 ejemplares) de la misma editorial en el campo de la autoayuda empresarial, es un libro costoso y con un formato de lujo. Como siempre ocurre en estos casos, lo que ha movido al libro ha sido el boca a boca. Y como siempre ocurre con los libros de autoayuda, se trata de una idea muy sencilla. Eso sí, con el empaque adecuado: los personajes importantes que avalan la propuesta, la aureola histórica.

¿De qué habla El secreto? Del poder de la mente, de pensar positivamente para cambiar la vida, de consejos para lograrlo. El secreto del éxito, guardado a través de los tiempos, es algo a lo cual puede acceder cualquier persona si se decide a entrar en la ley de la atracción positiva: "Eres una torre de transmisión humana y eres más potente que ninguna otra torre de transmisión que exista sobre la Tierra. Eres la torre de transmisión más potente que existe sobre la Tierra. Eres la torre de transmisión más potente del Universo. Lo que transmite crea tu vida y crea el Planeta. La frecuencia que transmite atraviesa ciudades, países e incluso el planeta. Reverbera por todo el Universo. ¡Y estás transmitiendo esa frecuencia con tus pensamientos!".

Los libros de autoayuda -han dicho repetidas veces sicólogos, sociólogos y filósofos- si no sirven, al menos no hacen daño. Y es que proponer el optimismo en vez del pesimismo, en principio, no le hace mal a nadie. El axioma de los libros de autoayuda es irrefutable: una actitud positiva genera hechos positivos. Por eso la gente los busca y por eso se venden en grandes cantidades. "Al final del día la gente necesita algo en lo cual creer", dice Carolina Jaramillo, editora de no ficción de la editorial Santillana.

En un artículo sobre la utilidad de los libros de autoayuda, publicado en el diario Clarín de Buenos Aires, la filósofa Esther Díaz dijo: "En algunos casos pueden ser muy útiles. Conozco personas que mejoraron su calidad de vida con ellos. Es cierto que la gente que los lee probablemente nunca lea algo de filosofía dura, pero esta es una buena forma de entrar al maravilloso mundo de la lectura. Por otra parte, habla bien de una persona buscar ayuda aunque sea así, porque significa que no se dio por vencida. Igual, hay que tener presente que no son mágicos y tienen sus límites".

Sin embargo, aunque partan de la misma premisa, es peligroso generalizar. No todos los libros de autoayuda son iguales, existen matices y calidades. Y no todos los autores quieren ser metidos en el mismo costal. Además, en los últimos años, la autoayuda se ha mezclado con la Nueva Era, la espiritualidad, las religiones orientales y la fábula literaria. "Como en todas las áreas, dentro de los libros de autoayuda hay de todo: desde basura hasta libros que tienen mucho valor. Algo que me gustaba de la editorial en la que trabajaba -no sé si siga siendo así- es que se procuraba mantener un buen nivel dentro de este tipo de libros. Era importante cubrir vacíos del mercado pero con libros que fueran dignos exponentes de su clase. No todas las editoriales tienen esa misma filosofía y por eso se ven las cosas que se ven. En todo caso, lamentablemente no siempre los mejores libros son los que venden más", dice una ex editora de este género que no quiso dar su nombre.

No basta únicamente con querer algo y repetirlo todos los días hasta autoconvencerse, como enseñan ciertos cursos para vendedores. "Las personas hacemos lo que podemos, no lo que queremos", dice el licenciado en ciencias sociales y humanidades Alejandro Marchesán en su libro Comunicación productiva. "Si querer es poder, ¿por qué tantas personas que quieren no logran los resultados que quieren? Si querer es poder… es porque podemos, no porque queremos… Así entonces, si lo que usted quiere… usted puede, maravilloso: pero si quiere y no puede, aquí está el inconveniente". No basta con tener una actitud positiva, hay que identificar muy bien los obstáculos para lograr lo que se quiere y hay que encontrar la metodología adecuada. Parecería ser el grado de realismo, la capacidad de evaluar con exactitud las dificultades, lo que hace la diferencia en este género. Para Natalia García, editora de interés general en Norma, lo importante es tener claro que los libros de autoayuda no son una receta sino una guía, un espacio para que la gente reflexione sobre problemas que no se ha atrevido a verbalizar con el médico o el sicólogo. Por eso, cuando va a publicar un nuevo libro siempre tiene en cuenta la trayectoria del autor.

¿Cuándo empezó el boom de la autoayuda? Para Carolina Jaramillo, en los años 70, con los libros de Louise L. Hay, Usted puede sanar su vida y El poder está dentro de ti. Hay es considerada una de las fundadoras del movimiento de la autoayuda. Usted puede sanar su vida fue publicado en 1976 y su edición fue corregida y aumentada en 1988. Desde la fecha de su publicación este libro fue un best-seller en 30 países y en 23 idiomas. Y todavía mantiene su interés: en Colombia, cada año, editorial Urano vende alrededor de 6.000 ejemplares de él. Técnicas de sanación y filosofía positiva para subir la autoestima. Eso es lo que enseña Louise L. Hay quien, además de ser pionera en la idea de conectar la mente con el cuerpo, descubrió el poder persuasivo de poner como ejemplo de superación su historia personal, marcada por la pobreza, la inestabilidad familiar y el abuso sexual. "Ella aprendió a amarse a sí misma, a dejar ir el resentimiento que era la causa real de su enfermedad. Pudo perdonar a las personas que abusaron de ella, particularmente a su padrastro y a su madre, y pudo sentir compasión por ellos". Y así, 'Ella' se convirtió en una industria de la autoayuda.

Desde entonces son muchos los títulos que han ido ocupando el espacio de las librerías colombianas de una manera significativa: Tus zonas erróneas; Juan Salvador Gaviota; Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus; El alquimista; El monje que vendió su Ferrari; El vendedor más grande del mundo; Las siete leyes espirituales del éxito; Muchas vidas muchos sabios; Pensar bien, sentirse bien; Deshojando margaritas... Cada vez las divisiones encargadas de estos libros aumentan su importancia dentro de las grandes editoriales y por lo tanto se vuelven más influyentes. El público los exige y el mercado manda: hay que competir creando sellos específicos que interpreten la cambiante sensibilidad del momento. ¿En qué porcentaje han aumentado estas publicaciones? Desafortunadamente la Cámara Colombiana del Libro no tiene los datos globales pero es evidente -por la información de las editoriales- su incremento en los últimos años. La búsqueda de la felicidad, el éxito, la salud y la armonía espiritual, siguen seduciendo a los seres humanos.

* Crítico de libros de SEMANA

http://www.semana.com

 

Volver al Indice

 

Bookmark and Share

 

 

lunes, febrero 23, 2009

Vampiros emocionales

Compartir con estas personas te deja agotada mentalmente, deprimida, con el ánimo apagado. Incluso un nuevo estudio sugiere que son negativas para tu salud

Por suerte, puedes neutralizarlas. Vampiros emocionales. De acuerdo, el término es bastante dramático, y algunos dirían que hasta excesivo... pero después de un encuentro —por breve que sea— con uno de estos individuos, todos estamos de acuerdo en que es el único que realmente los describe. Después de tratarlos, nos sentimos como si una especie de ‘Drácula síquico’ nos hubiera drenado emocionalmente, dejándonos deprimidos, sin energía, con el ánimo apagado.
Todos conocemos por lo menos uno. ¿No lo crees? Haz una prueba sencilla: ¿Existe alguien que evitas o rehúyes, sea en persona o por teléfono? ¿A quién te cuesta mucho trabajo devolverle una llamada, porque la sola idea de hablar con él o ella te cansa? Después de compartir con cierta persona, por ‘agradable’ que haya sido el encuentro, ¿te quedas tensa, molesta o agotada... y muchas veces ni siquiera entiendes por qué?

Si has respondido que sí a cualquiera de estas preguntas, no lo dudes: estás lidiando con un vampiro emocional. Lo insidioso de este problema, es que puede ser un desconocido... o un ser querido: el padre, el esposo o la mejor amiga. De igual manera, la relación puede ser cercana o distante; la persona agradable o desagradable... pero el efecto que tiene sobre ti siempre es tóxico.
Existen dos clases de vampiros emocionales —ambos igualmente tóxicos— que debes aprender a reconocer.

Amenaza invisible

El primero es el vampiro invisible. Y es que muchas veces, el comportamiento de estas personas no es abiertamente tóxico, por decirlo de esta forma. Por lo tanto, es difícil reconocerlas y ‘neutralizarlas’. Después de todo, son pocos los que no captan cuando alguien se comporta de una manera grosera o desagradable con ellos, o cuando trata de ofenderlos de acción o de palabra. Pero dicen que no hay peor contrincante que un enemigo invisible, y es verdad. Muchos vampiros emocionales operan ‘por debajo del radar’. En otras palabras: su comportamiento tóxico no es evidente; este se oculta detrás de una actitud o unas palabras inocentes. Esto se debe a que ellos envían ‘mensajes dobles’, que es el arte de decir una cosa aparentemente inocua, e insinuar otra muy diferente. Por ejemplo:
‘Qué bien te queda ese vestido’, dice tu ‘mejor amiga’... antes de agregar: ‘Incluso te hace cintura’. ‘Qué bien te ves... para tu edad’. Este tipo de comentario también se conoce como ‘el dulce envenenado’, porque, detrás del elogio, siempre hay una crítica implícita.

El vampiro solapado también suele recurrir al humor como una forma de atacarte sin dar la cara ni sufrir las consecuencias. La regla que funciona aquí es la siguiente: si él o ella bromean con que tienes sobrepeso o no encuentras pareja... no debes ofenderte, porque se trata de una broma.
Cuando Susana, un ama de casa de 32 años, le pidió a su suegro que no le hiciera más chistes sobre su peso, él no solo le hizo sentir que ella era una acomplejada sin el mínimo sentido del humor... ‘sino que acabó dándome cátedra sobre la importancia de quererme tal como soy. O sea, que el problema acabé siendo yo’, contó, indignada.
El lenguaje corporal también es una estrategia muy común de los vampiros emocionales. Te dicen ‘Respeto tu decisión’... con una sonrisa cínica en la cara; juran que te aprecian... con los brazos cruzados; te piden que les creas... y desvían la mirada (a veces el gesto es tan sutil, lo que los sicólogos llaman una microexpresión, que no lo captas a nivel consciente; pero sientes que algo simplemente no ‘cuadra’). Ellos te dicen una cosa, pero tú percibes todo lo contrario. Esta discordancia crea una confusión interior que, a la larga, te drena.
Vale aclarar que, muchas veces, el vampiro emocional no opera a nivel consciente; no sabe el efecto que tiene en los demás. Simplemente, es su forma de ser. Como también ocurre con el segundo ejemplar.

Vampiro a la vista...

La segunda clase de vampiro emocional es más fácil de detectar, pero no menos difícil de sobrellevar. Estos son algunos de los ejemplares más comunes, de acuerdo con las teorías de las expertas en relaciones interpersonales Cheryl Richardson, autora de Take Time for Your Life (Toma tiempo para tu vida) y la doctora Lillian Glass, autora de Toxic People (Gente tóxica).

Los negativos. Ven el mundo a través de lentes oscuros. Y a ti te toca la ardua tarea de elevarles el ánimo, lo cual es como subir una piedra montaña arriba. ‘Tengo que buscar trabajo’, dice ella. ‘Ahora hay muchas oportunidades en tu campo’, le dices tú. ‘Sí, pero a mi edad...’, apunta ella. ‘La experiencia vale de mucho’, señalas. ‘Ay, pero las empresas prefieren personas jóvenes...’. Llega el momento en que tú, que tratabas de animarla, acabas más deprimida que ella, y temiendo por tu futuro laboral.

Los quejosos. Se pasan la vida lamentándose de lo mismo —y ‘lo mismo’ puede ser la pareja, el empleo, los hijos, la economía—, pero nada hacen para cambiar la situación. En realidad, esta persona solo quiere quejarse, pues esto le produce un alivio momentáneo. ¿Tú? Después de una sesión maratónica de quejas, en la que al final nada se resuelve, acabas drenada.

Los criticones. Ponen objeción a todo lo que dices y haces; para ellos, tú nunca das la talla. Por supuesto, insisten en que las críticas son ‘por tu bien’. Pero la realidad es que te dejan por el piso.
Por regla general, estas personas le encuentran un defecto a todo: la película, la cena, el servicio en el restaurante... ¡Son irritantes y ¡agotadoras!

Los belicosos. Cualquier incidente, por mínimo que sea, provoca en ellos una reacción agresiva. Sientes que debes vigilar lo que dices o haces, para no encender la pólvora, porque cuando estallan, ¡arde Troya! Esto apaga tu espíritu.

Los débiles e indefensos. Constantemente necesitan que hables por ellos, los defiendas, los apoyes, los protejas... porque ellos, pobrecitos, no saben valerse por sí mismos. Pero, sin duda, llevar todo ese peso sobre tus espaldas te quita hasta la última gota de energía. ¿Ellos? Tranquilos y felices, porque no tienen que hacerse responsables por sí mismos.
En este grupo hay que incluir a los ‘poca cosa’ que practican la agresión pasiva; esos que, después de un desacuerdo, te juran que no te guardan rencor... pero luego se olvidan, por ejemplo, de pasar por ti a la hora acordada. Es su forma indirecta de castigarte.

Los sarcásticos. Sus comentarios —crueles, burlones, en fin: sarcásticos— pueden resultar chistosos, pero cuando ese humor negro siempre va dirigido a ti, acaba por minar tu espíritu. Después de una sesión de ironías y comentarios ácidos, te sientes dolida e insultada. Su humor hiriente es tóxico para el alma, porque siempre golpea donde más duele.

Los catastróficos. Siempre están hablando de huracanes, enfermedades, muertes, desgracias y colapsos económicos. Para ellos, la vida es un peligro inminente, y si algo va a ocurrir, seguramente será muy malo. Cinco minutos con ellos acaban con tus nervios.

Un peligro real

Daniel Goleman, autor del best seller internacional La inteligencia emocional, nos asegura que el efecto que nos causan estas personas va más allá de una molestia momentánea. De acuerdo con su último libro, Social Intelligence (Inteligencia social), nuestros intercambios diarios con la pareja, los hijos, el jefe y aun con extraños, moldean la estructura física de nuestro cerebro a nivel celular; esto, a su vez, afecta todas las células del cuerpo, efectuando cambios incluso a nivel genético. En otras palabras: nuestra reacción ante los demás tiene un impacto biológico en nuestro organismo, ya que durante un contacto social segregamos hormonas que afectan desde nuestro corazón hasta nuestro sistema inmunológico. Según Goleman, las buenas relaciones son como una vitamina; las malas, como un veneno. Y no solo eso: las emociones ajenas son contagiosas, lo mismo que un catarro. ¿Entiendes ahora por qué es tan importante neutralizar a los vampiros emocionales?

LOS PASOS CLAVES

1- Reconocerlos. Determina en qué categoría cae esa persona que te deja drenada anímicamente. De esta manera nunca te toma desprevenida, pues ya sabes cómo opera.

2- Mantener el balance interior. Para evitar el contagio, muchas veces entender por qué esa persona tiene ese efecto sobre ti, te ayuda a protegerte de su influencia negativa. Cuando sabes que es ella, y no tú, la que tiene un problema (porque es negativa, belicosa, catastrófica, etc.), puedes mantener una distancia emocional que te permite observar su comportamiento ‘desde afuera’, sin que te afecte.

3- Alejarte. Si esta persona no es esencial en tu vida, puedes diluir la relación. Muchas veces la costumbre nos ‘ata’ a amistades tóxicas.

4- Sanar la relación. Si la relación es importante para ti, Cheryl Richardson aconseja que le dejes saber a esa persona de qué manera te está afectando. No se trata de enfrentarla, herirla ni atacarla. En el momento oportuno, cuando ambas estén en buenos términos, debes llamarla aparte y dejarle saber que, justamente porque la quieres y valoras la relación, tienes algo que decirle. ‘Cuando haces/dices tal cosa, yo me siento tensa/triste/ansiosa/ofendida. Te pido que no lo hagas más’. Esto puede iniciar un diálogo muy sano para las dos.


Enviado por Agustín Pimentel

 

Volver al Indice

 

Bookmark and Share

 

 

lunes, febrero 09, 2009

Experto en inteligencia emocional asegura que aprender a controlar las emociones propias y ajenas mejora la salud mental

Quien "expresa y controla" sus emociones y las de quienes le rodean tienen menos estrés laboral y más éxito en el trabajo

Madrid, 9 febrero julio 2009 (mpg/AZprensa.com/E.P)

Aprender a expresar, comprender y finalmente "controlar" las emociones propias y ajenas es la clave para mejorar la salud mental de un individuo y la productividad de su empresa, también en tiempos de crisis, según el profesor de Psicología de la Universidad de Málaga Pablo Berrocal, coordinador de las I Jornadas de Inteligencia Emocional en el Ámbito de la Salud, celebradas esta semana en Madrid.

Según explicó a Europa Press el profesor Berrocal, quien también participó en estas jornadas promovidas por la Fundación Mutua Madrileña, la inteligencia emocional es "la capacidad que tenemos todos, en parte por genética y en parte como habilidad para desarrollar, para percibir nuestras emociones y las de otros, comprenderlas, expresarlas y canalizarlas en nuestro beneficio".

Lograr este dominio sobre nuestras emociones y las de quienes nos rodean mejora la salud mental y física, optimizando también la productividad de las empresas, ya que, según el experto, "un trabajador contento quiere ir a trabajar y producir lo más posible".

En este proceso, que requiere tiempo y dedicación, lo primero es evaluar el nivel de inteligencia emocional del individuo. "Hay que preguntar si expresa bien sus emociones o las inhibe; si sabe 'capitalizarlas' para potenciar sus aspectos positivos, como la creatividad o la capacidad de decisión, o si por ejemplo, comprende emociones complejas, como los celos o la vergüenza", explicó.

Después, se debe aprender "a vivir las emociones" --también las relacionadas con un alto estrés emocional, como las que pueden darse por ejemplo en un servicio de Urgencias-- y demostrar, dice, "las habilidades con las que se consigue canalizarlas a positivo".

"Aprender a escuchar 4 minutos más"

"En el caso de los profesionales de la sanidad, deben aprender a comunicar malas noticias, a escuchar al paciente cinco minutos más, ya que está demostrado que ésto mejora la relación con él, y en situaciones de estrés, a potenciar los aspectos positivos de nuestro trabajo y aceptar lo negativo, si no es evitable", indicó.

En la relación con los demás, lo principal consiste en optimizar las habilidades que nos permiten intuir cómo se sienten otros y "regular las emociones de los demás con lo que hacemos y dejamos de hacer, algo que todos hacemos todos los días de forma involuntaria y generalmente, negativa, logrando generan en los demás lo no buscado".

Según este experto, la inteligencia emocional de los profesionales de la sanidad ya es un factor a valorar en la selección de personal en Estados Unidos y una materia a impartir en los programas de formación, ya que manejar habilidades sociales "equivale a disfrutar de mejor salud mental, menos ansiedad y depresión y menos problemas con la gente con la que se desarrolla cada día el trabajo"

http://www.azprensa.com

 

Volver al Indice

 

Bookmark and Share

 

 

domingo, diciembre 14, 2008

El miedo como mecanismo de defensa

El “miedo” es un sentimiento de los más incomprendidos, aun por especialistas de la salud mental. Los escritores de libros de autoayuda lo consideran un sentimiento propio de cobardes. Y estos gurúes de la autoayuda les prometen a sus lectores erradicarles el miedo por completo.

¡Enorme insensatez es no ubicar al miedo en su justa dimensión! El miedo es un sentimiento de angustia ante la proximidad de algún daño real o imaginario. Y si queremos comprender a cabalidad este sentimiento, tenemos necesariamente que entenderlo desde sus orígenes. Como sabemos, los actuales seres humanos somos sólo una especie de las miles de especies de monos y simios que han existido a través de la evolución, habiendo sobrevivido solamente ciento noventa y tres de estas especies. Los abuelos de estas miles de especies surgieron hace aproximadamente seis millones de años.

La actual especie humana es el resultado de una de las ramas de esa evolución primaria, con una antigüedad de seis millones de años. Como sentimiento, muy probablemente el primero que experimentaron nuestros ancestros, fue el del miedo. Esos ancestros vivían en los arboles, dada la peligrosidad de otros animales que vivían en la tierra. Tardaron varios millones de años para abandonar los árboles y vivir en la tierra y las montañas.

Si el miedo no hubiera sido el primer sentimiento de esas miles de especies de monos y simios, las ciento noventa y tres especies que actualmente viven (siendo el hombre una de ellas), no existiríamos. Como seres biológicos, el sentimiento que mayor utilidad le ha reportado al ser humano ha sido el del miedo. Muy probablemente, a los niños de unos cuantos meses, el sentimiento más intenso que padecen es el miedo a ser abandonados por sus padres. Y seguramente, el segundo sea el de caerse.

Nuestra biología, cuando siente algún malestar físico, dado que somos seres racionales, le avisa a nuestro cerebro, y éste empieza a producir inquietud, zozobra, ansiedad y, finalmente, miedo. Un fuerte dolor físico que percibamos como anormal nos atemoriza. Y cuando percibimos que nos encontramos en una situación de “riesgo”, ya sea ante una amenaza a nuestra integridad física o moral, un probable peligro para alguno de nuestros seres queridos, una amenaza a nuestra seguridad económica, etc., nuestras hormonas empiezan a generarnos miedo, en diversos grados, desde leve hasta muy intenso.

El origen de nuestro miedo por cualquier tipo de situación tiene una raíz esencialmente genética. Ese miedo de nuestros antepasados de hace millones de años se nos ha trasmitido a través de toda la evolución. En este sentido, la esencia del miedo no es la prueba de un sentimiento de cobardía, sino que se constituye en el aliado más fuerte de nosotros, un “mecanismo de defensa” que nos alerta de que algo mal nos está sucediendo o nos puede acontecer.

La ausencia de miedo no es un virtud, sino la prueba de una patología mental, o la prueba de un vicio moral, como cuando sucede en el caso de conductas nuestras “temerarias”. Somos a veces temerarios, no porque seamos valientes, sino por el hecho de que no sentimos miedo. Y quien ha perdido la capacidad para sentir miedo ha hecho a un lado a su más poderosos aliado: a su “mecanismo de defensa” que lo está previniendo de un inminente peligro de algún tipo.

Ahora bien: el miedo puede ser la consecuencia de un próximo peligro “real”, pero también pude ser el resultado de un peligro que sólo existe en la imaginación del que lo teme y sin ninguna base en la realidad. Si no obedecemos las señales de alarma de que algo anda mal en nuestro cuerpo, podemos poner en riesgo nuestra salud, y aun, nuestra propia vida.

Un genial médico inglés, Walther Cannon, fue el que acuñó la frase de “Lucha o huida”. Es decir, cuando nos enfrentamos a un problema real o imaginario, tenemos dos opciones, o bien, luchamos, o huimos. La huida es el resultado de un miedo que puede ser la mejor opción en algunas circunstancias.Critilo nos sugiere que si queremos ser más felices y exitosos en nuestra vida, lo primero que debemos hacer es comprender a cabalidad el sentimiento del miedo. Las dos próximas columnas serán una continuación.

http://www.elsiglodedurango.com.mx


 

Volver al Indice

 

Bookmark and Share

 

 

sábado, diciembre 13, 2008

Propuesta: Un mundo libre de quejas - WILL BOWEN

Te propongo un reto de 21 días.

Se trata de una propuesta que -de lograrlo -transformaria nuestra vida y le otorgaria mejor calidad.
Tendríamos mejor salud, menos enfermedades, mejor ánimo, menos dolores, más autoestima, relaciones más satisfactorias: seríamos personas más felices, serenas, autosatisechas.

No consiste en una dieta o dejar de fumar. Si alcanzamos el objetivo, nuestra vida cambiara.
Seis millones de personas en el mundo ya lo han logrado, aunque suene a frase 'infocomercial'.

Es un plan muy simple, creado por la organización 'A Complain Free World' (Un mundo libre de quejas), fundada por el pastor Will Bowen, quién en el sermón matutino de un domingo, invitó a su congregación a iniciar este reto de tres semanas.

Es muy simple: No quejarse, no criticar y no contar chismes.
¡¡¡¿¿Te imaginas??!!!

Para probar que su propuesta era seria, Bowen repartió a toda su congregación una pulsera morada para que -en el momento que se sorprendieran en la queja, en la crítica o en el chisme- se cambiaran la pulsera de muñeca -a fin de hacerlo conciente- e iniciaran otra vez el conteo.
Varias de las personas que participaban del reto -y que decían no quejarse demasiado -tomaron conciencia de que lo hacían un promedio de ¡20 veces al día! Contaminación auditiva pura.
Quejarnos se ha convertido en una epidemia. ¿Has notado cómo cuando nos quejamos del tema que sea, lo único que logramos es sentirnos peor? No sirve para solucionar nada...
Solo significa focalizar nuestra atención y energía en las cosas que NO queremos, y no en las que SÍ anhelamos.

¿Por qué 21 días? Porque así como un huevo de gallina tarda 21 días en madurar, también se requiere 21 dias para que el hombre forme una nueva conducta o un hábito.

Y si la crítica la pienso pero no la digo ¿cuenta? No. Sólo si la emitimos.
Quienes lo han logrado reconocen que no es fácil, sin embargo comentan que después de las tres semanas o el poco más que necesitaron, dejaron incluso de criticar con la mente...
La clave es no darse por vencidos.

Te invito a que empecemos a la brevedad, tu lo decides.
No necesitas una pulsera, cualquier objeto que elijas es bueno: puede ser tu reloj, ponerte una piedrita o una moneda en el bolsillo, lo que sea...
El objeto esta al servicio de darnos cuenta que nuestras actitudes y palabras sólo reflejan lo que pensamos.
Qué vida queremos es la pregunta que nos acompañara los 21 dias, recordando que el conteo recomienza cada vez que emitimos una queja, una critica, un chisme.
Los doctores estiman que dos terceras partes de las enfermedades se generan en la mente.
Esta propuesta es una invitacion al cambio en el pensar y en el que y el como nos comunicamos...
Dejar de quejarse, de criticar y de propagar chismes

Dicen que para lograr una meta, es importante hacer el compromiso con alguien, así que en el momento en que escribo esto comienza mi reto y me comprometo contigo, amigo cibernetico, a lograrlo.
Compromete con alguien, transmite esta propuesta, intentemos hacer de nosotros y de este mundo que habitamos, algo mejor.


Enviado por Graciela E. Prepelitchi


 

Volver al Indice

 

Bookmark and Share

 

 

domingo, octubre 26, 2008

El amor negativo y la dependencia emocional

Todo empieza con esa primera experiencia infantil en la que se comprueba que uno no es amado por lo que es, sino por lo que debe llegar a ser; en mayor o menor medida, todos somos víctimas de ese amor negativo, un amor que pone condiciones para ofrecerse.

Con el concepto de "amor negativo", que acuñó en 1967 Bob Hoffman, se explican buena parte de los padecimientos de las personas y su desconexión con el mundo emocional.

El amor negativo es la evidencia de la persona de sentirse indignada de ser amada, que viene de haber sentido que sus padres no lo reconocieron como quien era realmente, sino que se dedicaron a educarlo como quien debía ser.

Desde ahí la persona se desconecta de su propio ser y empieza a trabajar -desde muy chico-, para satisfacer las expectativas de los padres o, si sufrió mucho en la infancia, para rebelarse y ser lo opuesto a aquello que se esperaba de él.

Tal vivencia genera una paradoja emocional: "soy querible en tanto no sea quien soy y sea lo que los demás esperan de mí".

Tal condición queda grabada en el plano emocional y hace que, en nombre del amor, las personas se sometan a los demás, acepten chantajes para ser amados y se dejen manipular.

Esas personas sienten que sus propias sabidurías son algo de lo que se debe descreer.

De esta forma es como somos entrenados en vivir mal. La idea de paternidad está aprendida y se copia de los propios padres, se transmite de generación en generación.

El adulto mira al niño como alguien que no sabe nada y a quien hay que educar. No se mira al chico como a un ser que llega a este mundo sabiendo muchísimo y que lo único que no sabe es el código para expresarlo.

Como eso no es tomado en cuenta, se "graba" el rechazo al propio ser. En la vida adulta, para recuperar la conexión con uno mismo, lo primero es tomar conciencia de que todo aquello que es negativo para la propia vida fue aprendido.

Claro que abrirse a los recuerdos implica dar paso a un cúmulo de emociones que en nuestra cultura son definidos como "negativas": la rabia, el dolor, la culpa, el odio, la venganza... Vivencias que un niño experimenta cuando se siente maltratado o no tomado en cuenta, pero que muy pocas veces puede expresar.

Aprendemos desde muy chicos a reprimir emociones. Pero cuando se liberan, vuelven los recuerdos y la persona empieza a darse cuenta de que, en realidad, todo lo que le pasa en su vida adulta, lo que se repite o le ocurre a pesar de sí mismo, fue aprendido de los padres, desde la concepción hasta la pubertad.



Al no poder recordar dónde lo aprendió, supone que esas desventuras son la confirmación de que hacía algo mal... Toda persona cuenta con cuatro aspectos: lo intelectual, lo emocional, lo espiritual y lo corporal.

Pero cuando somos víctimas del amor negativo, solemos tener nuestro intelecto dominando nuestras vidas.

Así, queremos resolver todo desde la cabeza, que es el más pobre de los cuatro aspectos para crecer en lo desconocido.

El intelecto siempre necesita experiencias viejas para saber como seguir. En cambio, nuestra parte emocional, la espiritual y nuestro cuerpo tienen mensajes, idiomas, percepciones rápidas y adecuadas para todas las situaciones desconocidas, que nos hacen sentir seguros.

Sin dejar al intelecto afuera, sino ocupando su justa proporción, necesitamos recuperar los tres aspectos que están relegados e integrarlos en una quadrinidad en al que cada uno aporte la información y los recursos necesarios para conformar un ser íntegro, poderoso y amoroso.

Este trabajo de integración requiere un fuerte hincapié en la apertura de lo emocional, que también es el camino hacia lo espiritual.

Cuando la persona recupera ciertos derechos, por ejemplo el derecho a enojarse por aquellas cosas que le hicieron daño, recupera el derecho a autoafirmarse en la vida, porque la rabia es una emoción muy saludable para los seres humanos en tanto pone límites y ayuda a avanzar, a ser audaz, a despegar.

Lo que nos asusta de la rabia son las formas inadecuadas de expresión; pero habitualmente se termina reprimiendo la emoción y no las formas inadecuadas, porque los padres no conocían otras formas.

Cuando la persona recupera esos derechos, ocurre que de pronto está integrado y eso no es algo muy difícil.

Lo emocional no es elaborativo, así que no necesita meses ni años de maduración: necesita "ver".

A diferencia de nuestro intelecto, que precisa tiempo para comprender, analizar, elaborar... Lo emocional no, y la grabación que produce el rechazo del propio ser está en el plano emocional.

Allí donde se abre la experiencia emocional, la persona empieza a recibir mensajes de qué le pertenece y qué no, qué fue aprendiendo y qué no. Así nos damos cuenta de quiénes no somos, rompemos con una serie de creencias, prejuicios y valores mal entendidos y desde lo emocional captamos que somos seres amorosos, dueños de un amor sin condiciones, con una capacidad de compasión y perdón para los demás y para nosotros mismos que nos hace muy poderosos.



 

Volver al Indice

 

Bookmark and Share

 

 

sábado, octubre 04, 2008

El poder del subconsciente

Cualquier idea, meta o plan dominante mantenido en la mente consciente mediante un esfuerzo repetido y emocionalizado por un deseo ardiente de realización es incorporado por el subconsciente y ejecutado a través de cualquier medio natural y lógico disponible.

Lea nuevamente el párrafo anterior. Ahora vuelva a leerlo. Es la base del éxito. Su actitud mental es la única cosa sobre la que usted tiene un total y absoluto derecho de control en cada instante de su vida. Usted debe aprender a ejercitar ese derecho como cuestión de hábito.

La mente consciente es el sitio donde tienen lugar el razonamiento y el pensamiento. Esta analiza información y datos, y actúa como guardián de la puerta hacia el subconsciente. La mente consciente se desarrolla como resultado de la experiencia, mientras que la mente subconsciente no piensa, no razona, no delibera. Actúa por instinto en respuesta a emociones básicas.

La mente subconsciente la podemos comparar con un carro, mientras que la mente consciente se puede considerar como el conductor. La potencia está en el carro, no en conductor. El conductor debe aprender a liberar y dirigir esa potencia.

La mente subconsciente recibe cualquier imagen que le traslade la mente consciente bajo una emoción fuerte. Piense en las dos como una cámara: La mente consciente actúa como una lente, concentrando la imagen de sus deseos y llevándolos hasta un punto de la película del subconsciente. Obtener buenas fotografías con esa cámara es lo mismo que con cualquier otra: Tiene que haber un buen enfoque, una buena exposición, y la sincronización ha de ser la correcta.

Para lograr el enfoque correcto, usted necesita tener una definición de objetivo claro y preciso. La selección de los componentes de la fotografía debe realizarse con cuidado y exactitud; usted decide que incluirá en ella. La sincronización adecuada se determina por la intensidad de su deseo en el momento de la exposición. Los fotógrafos expertos por lo general toman varias fotografías de una imagen importante; trabajan una y otra vez en ella hasta conseguir la foto que desean.

Es vital para el subconsciente repetir una y otra vez la imagen de su deseo. Tiene que trabajar en el proceso repetidamente hasta que haya trasladado a su mente subconsciente la imagen clara y precisa que se quiere.

No tenga miedo de entrar en un estado altamente emocional cuando imprima imágenes en su subconsciente. Cuando su objetivo es digno, no necesita temer a este tipo de autosugestión. La intensidad con la que imprima una fotografía desde su plan en el subconsciente afecta directamente la velocidad con que el subconsciente se pondrá a trabajar para atraer la contraparte física de la foto, inspirándole a dar los pasos adecuados.

Fuente: Hill Napoleón, Las llaves del éxito.


Enviado por Graciela E. Prepelitchi

 

Volver al Indice

 

Bookmark and Share